LA SITUACION DEL HOMBRE NATURAL

Es muy importante entender la situación real del hombre natural, es decir, del hombre sin Cristo. La gran tragedia del ser humano sin Dios, es la de no conocer su situación real ante Dios. Por lo general, el hombre sin Dios vive en la vida según su creencia: o bien creyendo que esta vida es todo lo que hay, y que después no hay nada; o bien creyendo los postulados de su religión particular.

La Biblia, el libro de Dios, en definitiva dice dos cosas que deberían ser del conocimiento de todos los hombres:

  1. El hombre – en sí – está eternamente condenado (Jn. 3: 19; Ro. 3: 23)
  2. El hombre requiere de la salvación que sólo Dios puede proveer para salir de esa condenación (Jn. 3: 16; Ro. 3: 24)

ETERNAMENTE CONDENADO

El hombre natural, es decir, el hombre sin Cristo (1 Corintios 2: 14) está condenado, porque está separado de Dios por causa de su pecado. El hombre sin Cristo está separado de Dios por el Pecado, y su final eterno es el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21: 8 )

“Pecado es vivir conforme a la voluntad de uno, sin considerar la voluntad de Dios.”

Aunque ese hombre haya vivido una vida sin excesos, comportándose aceptablemente a los ojos de la sociedad en la que está; respetando las leyes naturales y civiles, y buscando su felicidad sin perjuicio de terceros, e incluso haciendo felices a otros en el contexto de un sano altruismo – todo lo cual en su conjunto sería testimonio más que aceptable para este actual mundo civilizado – aún y así estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.

Incluso, podríamos dar un tercer caso (para mí el peor), el de un hombre creyente nominal que siempre ha ido a la iglesia cristiana, que periódicamente lee la Biblia y ora, que jamás dice palabras malsonantes, es servicial, está involucrado en diversas actividades evangelísticas, dando un testimonio cristiano más que aceptable, etc. etc. pero que jamás nació de nuevo verdaderamente (Jn. 3: 3); estaría, al igual que el caso anterior, eternamente condenado al infierno.

“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”

Esta pregunta, todo ser humano se la tendría que hacer, así como buscar la respuesta. 

“En el principio todo fue creado perfecto”

El hombre, fue creado por Dios a Su imagen y conforme a Su semejanza (Gn. 1: 26), para mantener una relación de amistad y amor con su Creador, y regir sobre lo que Él había creado (Gen. 1: 28-30).

Hasta que usando de su libre albedrío, tanto Eva como Adán prefirieron romper su relación con Dios al decidir creer las promesas mentirosas del diablo:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 1-4).

Esa decisión motivó la ruptura eterna de relación entre la criatura y su Creador. Por todo ello, la desobediencia de la mujer y luego la del hombre (Génesis 3: 6), desencadenó maldición. Esa maldición vino sobre toda la tierra hasta hoy…

“…maldita será la tierra por tu causa (la de Adán), con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra…” (Génesis 3: 17-19).

Al estar el hombre separado de Dios, la muerte entró en el mundo. No sólo la muerte del mismo hombre (Génesis 2: 17), sino la muerte de todo lo creado sobre la tierra. Esta caída en cuanto al hombre, hay que entenderla en toda su medida; significa: condenación eterna.

Esta es la consecuencia del mal uso de la libertad y de la voluntad que le fueron otorgadas. Dice la Biblia:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5: 12)

“…la muerte entró por un hombre (Adán)…porque así como en Adán todos mueren…” (1 Corintios 15: 21, 22).

A raíz de esto, el hombre nace y es básicamente malo: Todos los hombres fueron alejándose paulatinamente más y más de Dios, como consecuencia de su corazón no regenerado.

El hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo. El mismo Dios declaró: “…el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud…” (Génesis 8: 21). Esto quiere decir que desde que el ser humano tiene uso de razón, peca y es un pecador. Esta es la realidad. 

A pesar de lo que dicen algunos, la Biblia asegura:

“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7: 20). Prosigue diciendo: “No hay justo, ni aun uno…por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3: 10, 23).

Pongamos un ejemplo; Imagínese que tiene en su mano una jarra de cristal llena de agua sucia, ¿Qué haría usted para que, en vez de tener esa agua sucia, pudiera contener agua limpia y cristalina que pudiera calmar su sed? ¿Añadiría agua limpia a la sucia? Estoy seguro que no haría eso. Añadir agua limpia al agua sucia, ¡sería de ignorantes!

En todo caso, lo que haría sería vaciar la jarra, limpiarla, y entonces ya estaría preparada para ser rellenada de agua limpia. Por años hemos intentando añadir agua limpia, que simbolizaría nuestros pobres esfuerzos por hacer lo correcto, al agua sucia. ¡Al final no teníamos más que… más agua, y agua siempre sucia!

La Biblia, dice que las buenas obras sin un corazón regenerado, son ese intento de obtener agua limpia que calme la sed. Jamás ocurrirá. La Biblia es muy clara ante ese intento de ser buena gente ante Dios, sin Dios, porque define nuestras justicias, ¡fíjense! como “trapos de inmundicia”:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).

Dice la Biblia: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas” (Jeremías 17: 9). El dictado del corazón no regenerado es engañoso.

El corazón no regenerado es el resultado de la rebelión del hombre natural, del hombre sin Cristo. Ese corazón se levanta como enemigo de Dios. Sólo Dios puede cambiar ese corazón y darnos el que Él tiene. Así oraba David cuando pecó contra Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu nuevo dentro de mí” (Salmo 51: 10).

Es preciso que el corazón del hombre sea regenerado, porque el hombre tiene un verdadero problema de dureza de corazón.

Dijo Jesús: “Oí, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre…lo que sale de la boca, del corazón sale…Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias…” (Mateo 15: 11, 18, 19).

El pecado es consecuencia directa de un corazón no regenerado, y ese pecado genera la muerte espiritual: “Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6: 23).

A su vez, ese pecado origina la separación definitiva de Dios. Cuando el hombre muere en ese estado, su destino final y eterno es el infierno. El infierno es un lugar real de eterno tormento que Dios preparó para Satanás y sus demonios. También es el destino de todos los que mueren sin Cristo.

“…los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre…” (Apocalipsis 21: 8).

Por otra parte, la dureza del corazón del hombre sin Cristo atrae la justa ira de Dios:

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para tí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2: 5)

EL CAMINO DE SALVACION

Si un hombre comete un asesinato, ¿acusamos al juez por emitir un veredicto de condena? ¡No! Fue el asesino el responsable de su destino. El asesino se condenó a sí mismo cuando cometió el asesinato; el juez sólo aplicó el código de justicia. El Señor Jesús lo definió de manera clarísima, cuando dijo:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3: 19, 20)
“… el que no cree, ya ha sido condenado…” (Juan 3: 18)

La Respuesta de Dios: Si Dios, el Creador hubiera sido un Dios meramente justo, nadie tendría la más mínima posibilidad de salvarse. Por justicia, todos merecíamos esa condenación.

¡Si no hubiera Dios hecho algo, el hombre estaría irremisiblemente perdido para siempre!, pero Dios ideó un plan para salvar a los hombres desde antes de la fundación del mundo. La iniciativa siempre es de Dios. El motivo de hacer así: sencillamente por amor.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3: 16, 17)Así pues, ante aquella pregunta que todo hombre sobre la tierra debería hacerse – recordemos:

“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”

La respuesta de Dios es Jesucristo. Sólo Jesucristo es la puerta de escape de esa condenación segura. Él mismo lo dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10: 9) “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14: 6)

Jesucristo, “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hchs. 4: 12)

“El antídoto del pecado es la cruz, aplicada al corazón del hombre. Sin la cruz, no hay salvación”

¿Cómo recibir la salvación a través de Cristo?: Todas las religiones humanas, básicamente enseñan que el hombre es el que debe alcanzar, sea a Dios, o el Nirvana, o el Paraíso, etc. es decir, que el hombre tiene que hacer el imposible intento de salvarse a sí mismo, pero la gran noticia es esta:

“No, que nosotros podamos alcanzar a Dios; sino que Dios nos alcanza a nosotros por medio de Jesucristo: Dios llega al hombre porque el hombre no puede llegar a Dios. Por eso, Jesucristo hombre es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim. 2: 5, 6)”.

Jesucristo bajó del cielo, dejando su gloria atrás, y vino a la tierra en el cumplimiento del tiempo, cuando el Padre le envió, naciendo de mujer (Gl. 4: 4).

Él se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2: 7, 8).

Todo pecador, por la ley, debía morir a causa de sus propios pecados; por lo tanto ningún pecador podía morir por otro pecador; sólo Cristo, por no tener pecado, podía morir por todos nosotros, pecadores.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3: 18).

No todos le recibieron, pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio, y les da potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12), porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados (2 Corintios 5: 19)

Por eso el mandato divino es este: ¡Reconcíliese con Dios! Ya que al que no conoció pecado – es decir, Cristo – por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5: 20, 21). Es decir, el pagó el precio de nuestro pecado y consiguiente condenación, en la cruz.

Lo que separa al hombre pecador de Dios es su pecado que le arrastra irremisiblemente a la muerte eterna. Pero Cristo entregó su propia vida, su propia sangre como suficiente pago para librarnos de esa condenación. Él es nuestro único sustituto.

Muchos creen eso de forma teórica, pero jamás han dado el verdadero paso de arrepentirse de sus pecados. Entonces ese sacrificio de Cristo no puede actuar a favor de ese pecador impenitente.

Cuando la Biblia dice que por gracia somos salvos, por medio de la fe (Ef. 2: 8), eso significa que debemos obedecer al precepto bíblico y al Espíritu Santo, que nos lleva a dolernos por nuestra vida pecaminosa, y a renunciar a vivir así, apartándonos de ese mal, para vivir conforme a Dios. Esto significa arrepentirse.

Así que recibir a Cristo, no es sólo un mero trámite mental o religioso, sino un verdadero trámite espiritual y de fe auténtica. La obra de esa fe (Sgo. 2: 17) es el quebrantarnos delante de Dios, asumiendo en Su temor toda nuestra responsabilidad ante Él, y esperando solamente en Su misericordia, creyendo que lo que Él ha dicho es verdad: que hay perdón, restauración y vida eterna en Cristo Jesús, y por esa fe, recibir esa salvación (Ef. 2: 8, 9), creyendo.

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

Si usted, querido lector, todavía no se ha reconciliado con Dios, el siguiente, es un modelo de oración que le puede ser útil, si lo hace con fe y verdad ante Dios: “Señor Dios, me dirijo a ti una vez y por todas, para reconocer que he sido un pecador toda mi vida desde que me acuerdo, y realmente sólo he vivido a mi modo, egoístamente.

Sin ocultar nada, quiero decirte que hoy me arrepiento de todos y cada uno de mis pecados, y renuncio a todos ellos. Renuncio a vivir mi vida según yo mismo, para vivir mi vida conforme a Ti.

Por ello pongo mi vida ante ti para que tú dispongas de ella. ¡Me rindo ante ti! Te pido perdón por toda ofensa, y te entrego todo lo que soy, esperando en tu misericordia. Declaro que creo en Jesucristo Tu Hijo, y conforme a tu Palabra, le recibo en mi vida como mi Salvador personal y mi Señor; y con Él, el Espíritu Santo y el don de la vida eterna. Gracias por tu amor y tu salvación; te amo, Padre. En el nombre de Jesús. Amén”.

Viva conforme a esa declaración de fe, e inmediatamente busque una iglesia evangélica, donde le puedan ayudar, enseñándole la Palabra de Dios, y ore a Dios y lea la Biblia todos los días.

Dios use este texto para Su gloria.

Elegidos según la presciencia de Dios (1 Pedro 1:2)

A través de los años, las teologías arminianas y calvinistas han estado en polos opuestos. La teología reformada tradicional, que llamamos calvinismo, subraya la soberanía de Dios, pero la teología arminiana en realidad subraya la soberanía del hombre. Enseña que Dios es útil al dar ayuda espiritual, pero que uno tiene que encontrarla en sí mismo para ir a Cristo, perseverar en la fe, alcanzar metas espirituales y obtener victorias espirituales.

¿Qué resulta de esa clase de teología? Una persona puede decir que confía en Cristo, pero en realidad confía en sí misma. Eso muestra la creencia de que el poder para escoger la salvación, o perderla por el fracaso espiritual, pertenece a la persona. Suponga que usted creyera que tenía esa clase de poder. ¿Puede imaginarse lo que sería enfrentarse a la muerte y preguntarse si no pudiera entrar en el cielo porque había cometido muchísimos pecados? Esa incertidumbre causará ansiedad, no seguridad.

Confiar plenamente en Dios requiere conocimiento de su gracia soberana: Que una persona es escogida, redimida, mantenida y glorificada por Dios, que es el iniciador.

http://www.gracia.org/

LA OBRA DEL ESPIRITU SANTO EN LA GRACIA COMUN (Ron Crisp)

PARTE 1

INTRODUCCION

La gracia común se define como la inmerecida bondad de Dios otorgada al mundo. Se llama “común” no para minimizarla, sino para distinguirla de la gracia “salvadora”, o “eficaz”. Los ejemplos de la gracia común provista de Dios para todo el mundo incluyen las necesidades físicas del hombre (Mateo 5:45; Hechos 14:17), el llamado del evangelio (Marcos 16:15), la influencia cristiana (Mateo 5:13) y la paciencia de Dios (Romanos 9:21-22).

Aunque cada una de las bendiciones ya mencionadas son externas, la gracia común aún va más allá de eso. Incluye muchas obras internas del Espíritu de Dios. Algunos se suponen que como el llamamiento eficaz sólo se concede a los elegidos, entonces el Espíritu Santo no obra en los demás en ninguna manera, pero esta es una conclusión falsa. La Biblia menciona que muchas veces el Espíritu Santo trataba con hombres que nunca fueron regenerados.

I. LA DEPRAVACION REFRENADA

El poder corruptivo del pecado es tan grande que solamente el poder restrictivo del Espíritu de Dios impide que este mundo rápidamente llegue a ser un pozo negro insoportable. El hecho de que el gobierno civil, la familia, cultos públicos y un cierto grado de seguridad son permitidos existir en este mundo, se debe atribuir a la gracia común. La moralidad y honestidad encontradas entre los incrédulos revelan que Dios impide a los hombres que den riendas sueltas a su depravación. Piense en lo que sería de nuestro propio país si cesara Dios de obrar a través de su pueblo preservando cierto grado de verdad y virtud. Si Dios cesara de refrenarlo, ¿dejaría vivir a algún creyente auténtico ese mundo que crucificó a Cristo? (1 Timoteo 2:1-2; Génesis 20:1-18)

El poder restrictivo de Dios es revelado en el hecho de que a Dios se le atribuye “endurecer los corazones” o “entregar a los hombres” a la iniquidad. Como Dios nunca es autor de pecado (Santiago 1:13) estas expresiones deben de significar que Dios quitó las restricciones que antes retenían a estos individuos (Éxodo 10:1; Salmo 105:25; 1 Samuel 2:25; Romanos 1:24, 26, 28). Eliminar las restricciones podría incluir permitir los eventos que revelan la naturaleza perversa del hombre, o la eliminación de la conciencia y temor del castigo. Las Escrituras también revelan que Satanás y sus demonios incitarán a los hombres a pecar siempre que sea permitido por Dios (2 Tesalonicenses 2:8-11; 1 Reyes 22:15-23; 1 Samuel 16:14).

El poder restrictivo del Espíritu es una bendición por la cual no debemos olvidarnos de agradecer a Dios. Los incrédulos quienes se jactan de la moralidad superficial y la cultura, no se dan cuenta de la profundidad de depravación que tienen reprimida dentro de sus propios corazones. Es una verdad gloriosa que Dios en realidad restringe todo pecado que al final no contribuye a su gloria (Salmo 76:10).

II. LA ILUMINACION DEL INCREDULO

La Biblia claramente enseña que los hombres no regenerados son ciegos espiritualmente (1 Corintios 1:18; 2:11-14; Efesios 4:17-18). Sus ojos están cerrados a la gloria de Cristo y a la naturaleza de la salvación. Esto, sin embargo, no quiere decir que están sin ningún conocimiento en el campo de la moral. Dios se complace de su obra en la gracia común para impartir algo de conocimiento al incrédulo.

A. Aun cuando los incrédulos aborrecen el conocimiento de Dios, nunca pueden lograr borrarlo de sus mentes (Romanos 1:23, 28). En cada nación, los hombres admiten la existencia de la Deidad. El ateísmo nunca ha sido natural para el hombre. Todo eso es porque, a Dios, le complació dar una manifestación universal de su existencia (Romanos 1:19-20).

B. Otra manifestación de la gracia común es la concesión al hombre del conocimiento del bien y del mal. El hombre natural odia la ley de Dios (Romanos 8:7), aunque no pueda borrar sus preceptos. Esto es porque el Espíritu Santo los ha escrito en su conciencia (Romanos 2:14-16). Esta Escritura comprueba que se le debe atribuir a Dios cualquier moralidad de parte del incrédulo.

Uno debe notar aquí que el incrédulo, tanto como el creyente, tiene la ley de Dios escrita en su corazón (Romanos 2:14-15; Hebreos 8:10). La diferencia es que el creyente no solamente tiene una revelación mucho más completa y espiritual de la ley de Dios, sino también se capacita para amarla (Romanos 7:22). El incrédulo tiene una perspectiva limitada de la ley de Dios, la cual produce culpabilidad y sujeción superficial en vez de la obediencia gozosa que Dios espera.

III. LOS DONES ESPECIALES

Cada buen don proviene de Dios (Santiago 1:17). El Espíritu es quien fortaleció a Sansón (Jueces 14:6) y le dio su habilidad a Bezaleel (Éxodo 31:2-5). ¿No debemos también atribuir las habilidades de aquellos quienes benefician a la sociedad de hoy a la obra del Espíritu de Dios?

Aún más allá de esto, encontramos que a veces se le dan al incrédulo dones espirituales. A Balaam fue dado el don de la profecía y Judas tenía el poder de hacer milagros (Mateo 10:1). Saúl profetizó y recibió poder para gobernar y luchar valientemente (1 Samuel 10:9-11; 11:6). En todo esto vemos que mientras uno debe diferenciar entre los dones espirituales y la gracia salvadora, no obstante, estos dones deben verse como bendiciones de Dios.

IV. LAS INFLUENCIAS ESPECIALES

El Espíritu Santo no limita su actividad al elegido, sino de hecho, muchas veces le ayuda y protege, influyendo en aquellos a su alrededor. Se nos ha dicho que Dios controla el corazón del rey (Proverbios 21:1). Uno piensa en Ciro, Artajerjes y Nabucodonosor. Ciro, aunque era pagano, fue llamado el ungido de Dios debido al propósito especial de Dios para él al ayudar a los judíos (Isaías 45:1). Recordemos como José y Daniel hallaron gracia con sus carceleros, y Jacob fue librado de la ira de Labán. Todo esto nos recuerda que Dios es capaz de influir al incrédulo hacia el bien (Proverbios 16:7). 

CONCLUSION

Sea la restricción del pecado o el saciar nuestras necesidades físicas, todos debemos admitir que Dios es bueno para con los hombres (Salmo 145:9). ¡Qué equivocado está el hombre que atribuye todas las bendiciones de Dios sólo a los elegidos! Mejor tratemos de imitar a Dios siendo bondadosos con los hombres, ya sean buenos o malos (Mateo 5:43-48).

PARTE 2

INTRODUCCION

El peligro que los estudiantes de la Biblia enfrentan es la posibilidad de desarrollar una perspectiva de un solo lado de la doctrina. La persona que rechaza o la gracia común o la gracia eficaz siempre va a mal interpretar no solamente la Biblia, sino mucho de lo que ve a su alrededor. Un pastor de un tiempo atrás atribuyó el engaño de muchos “cristianos nominales” a los predicadores quienes no podían discernir entre la gracia común y la gracia salvadora, o a aquellos que enseñaron que la gracia común era gracia suficiente. ¡Cuántos hoy en día confunden cada manifestación religiosa con la regeneración! Procedamos entonces a examinar algunos de las obras del Espíritu que no resultan en la regeneración.

I. LA CONVICCION

En Génesis 6:3, encontramos que el Espíritu de Dios había contendido con los hombres antes del diluvio. Indudablemente su poder causó que la predicación de Enoc molestara a muchos. Desde aquel día, multitudes como Félix (Hechos 24:25) se han espantado bajo la Palabra de Dios, mientras que otros como Herodes la habrían recibido con atención y de buena gana (Marcos 6:20). Nuestro Señor prometió que el Espíritu convencería al mundo del pecado, justicia y juicio venidero (Juan 16:8-11). Tanto la Biblia como la situación actual nos hace admitir que hay muchos que no son salvos, aunque conocen que Dios ha tenido trato con ellos (Génesis 4:6-7).

II. LAS INFLUENCIAS ESPIRITUALES

En la regeneración se hace una obra permanente en el espíritu del hombre. Su corazón ya ama a  Dios y sus ojos ya están abiertos para ver las verdades espirituales. No se puede derribar esa fe que es un fruto de la regeneración (1 Juan 5:4-5). Todo esto se atribuye al poder del Espíritu Santo (Juan 3:5).

Nada menos que el nuevo nacimiento puedo salvar al pecador, pero hay obras menores del Espíritu en que muchos mal interpretan como evidencias de la regeneración. Sólo Dios sabe cuán cerca están algunos en apariencia de ser salvos sin poseerlo nunca. ¿No hemos conocido a ciertos hombres que aparentaron amar a Dios y la verdad y aún así se cayeron?

La perseverancia es la característica principal que distingue entre la regeneración y los efectos pasajeros producidos por la gracia común. Esto es tan evidente que los teólogos anteriores hablaron de las influencias espirituales de la gracia común como “gracia temporal”. Queremos mencionar sólo tres de las muchas Escrituras que demuestran esta gracia común y temporal.

A. En Mateo 13:1-24, tenemos la parábola del sembrador y la explicación inspirada de Cristo de la misma. Esta parábola servía para enseñar a los discípulos, tanto como a otros predicadores desde entonces, qué resultados podían esperar en sus ministerios.

Quizás la lección más importante de la parábola es que muchos recibieron la Palabra de Dios y profesaron conocer a Cristo. Pero en sus vidas después, demostraron no tener a Cristo.

Aunque el hombre por su naturaleza odia a Dios, todavía algunos, debido a la influencia del Espíritu, reciben su Palabra con gozo (v. 20); pero el cambio no dura. La fe verdadera es victoriosa, pero la fe temporal puede ser derrotada por pruebas (v. 21), tentaciones (v. 22) y herejías (2 Timoteo 2:18). La parábola del sembrador está demostrada en todas las iglesias que predican el evangelio hoy en día.

B. En 2 Pedro 2:20-22, tenemos otro ejemplo de aquellos quienes son influenciados por el evangelio, pero luego muestran su estado no regenerado. El autor con frecuencia encuentra útil comparar esta Escritura con 2 Pedro 1:3-4 para mostrar la diferencia entre la gracia común y la gracia salvadora.

1. Note primeramente en 2 Pedro 2:20-22 las características de aquellos quienes experimentaron solamente un cambio temporal.

a. Por un tiempo escaparon de los pecados más corruptos (v. 20).

b. Recibieron un grado de conocimiento (v. 20). Esto nos recuerda a Balaam quien recibió tal perspectiva de las cosas divinas, lo que causó que dijera, “Muera yo la muerte de los rectos” (Números 23:10); y aun así, murió sin Cristo.

c. Ellos cayeron (versículos 20-22). Pedro los compara con puercos y perros quienes han sido limpios por un tiempo, pero eventualmente se revela su naturaleza verdadera cuando vuelven a sus hábitos viejos.

2. Note las características de los hombres regenerados en 2 Pedro 1:3-4.

a. Ellos no solamente escaparon de los pecados más corruptos, sino que sus concupiscencias (deseos pecaminosos) fueron subyugadas a la voluntad de Dios.

b. Fueron “llamados” por la gloria y excelencia de Dios.

c. Fueron “participantes de la naturaleza divina”.

d. Fueron dadas “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad”, en lugar de sólo ciertas influencias.

e. No hay ninguna mención de su caída.

C. La última Escritura que notamos está en Hebreos 6:4-6. Algunos de los judíos quienes profesaron conocer a Cristo estaban en peligro de caer. El autor de la epístola a los hebreos les advierte que aquellos quienes niegan a Cristo después de haber experimentado la influencia de la gracia del Espíritu de Dios están en una condición desesperada. Pensamos en hombres como Balaam, Judas, Saúl, Demas, o los israelitas quienes murieron en el desierto. Ellos experimentaron el aliento del cielo, sin embargo murieron perdidos y desechados.

III. EL PROPOSITO DE LA GRACIA COMUN

El estudiante quizás desea saber los propósitos que Dios pueda tener en la gracia común. Notamos algunos de los objetivos que nuestro Señor logra en este tema.

A. Se magnifica la bondad de Dios. Dios demuestra su bondad al dar comida, bebida, aliento y vida misma a sus enemigos. El soporta por mucho tiempo aun a los que insultan su nombre. A muchos de estos mismos rebeldes, El envía su evangelio de la reconciliación e incluso obra en sus corazones, dándoles una inquietud por las cosas espirituales. ¿No queda magnificada grandemente la bondad de Dios por todo lo que hace a favor de sus enemigos que no lo merecen? Algunos pueden responder que porque la gracia común no es la gracia salvadora, entonces Dios no sería sincero al extenderla. Este argumento no reconoce que es el pecado del hombre que hace que la gracia común sea ineficaz. Si el hombre no fuera totalmente depravado, podría responder a la llamada general del evangelio. Dios no está bajo ninguna obligación de hacer algo para el hombre, y todo lo que El hace es una manifestación de su bondad.

B. La naturaleza depravada del hombre está descubierta realmente por la gracia común. El hecho de que falla toda manifestación de la gracia común, verdaderamente revela la magnitud de la depravación del hombre. Ni las bendiciones físicas, ni un evangelio de amor, ni siquiera el llamamiento del Espíritu Santo puede ser útil hasta que se imparta la nueva vida.

Nota: Esto ciertamente revela la falsedad de la idea arminiana de que la gracia común es una gracia suficiente.

C. La gracia común revela verdaderamente la justicia de Dios en el juicio. En Romanos 1:18-20, vemos que la revelación de Dios en la naturaleza ha dejado al hombre sin excusa. En Romanos 2:15-16, encontramos que se juzgarán los paganos con base a la ley escrita en sus corazones. Porque la gracia de cualquier clase siempre está opcional con Dios, y no obligatoria, eso deja al hombre sin excusa alguna.

D. El trato bondadoso de Dios al mundo en general provee a los cristianos un ejemplo de cómo deben tratar a su prójimo. Si somos como nuestro Padre Celestial, debemos amar y hacer lo bueno a nuestros enemigos (Mateo 5:38-48).

CONCLUSION

El autor ora para que cada uno de los que estudian esta lección gane un discernimiento de la manera en que Dios trabaja con el hombre. ¿Cuántos, de los que tienen sus esperanzas en una experiencia pasajera, tienen que ser despertados a su condición actual? Cuando Cristo dijo, “Esforzaos a entrar por la puerta angosta”, ¿no estuvo Él advirtiéndonos de prestar atención que clase de fe tenemos? ¿No debe entender estos asuntos el que quiere ser un guía fiel de los ciegos espirituales?

por Pastor Ron Crisp – Iglesia Bautista – Independence, Kentucky – USA

Arminianismo Bautizado (Por Andrew Sandlin)

Para la mayoría en la Iglesia de Dios, las Asambleas de Dios y los Cristianos Pentecostales el término “Calvinista” simplemente es malo. Evoca imágenes de un ogro divino poderoso condenando infantes quienes serían salvos pero que no son “elegidos.” 

A los Bautistas y a muchos no-denominacionalistas no les desagrada en lo general el Calvinismo, pero están obligados a manifestar una especie de ambivalencia respecto de él porque tienen el sentimiento incómodo de que su herencia, si no es que su doctrina, es de alguna manera Calvinista. No me estoy refiriendo aquí al Calvinismo como un sistema total de doctrina en la vida, como verdaderamente es, sino únicamente a las doctrinas soteriológicas (o salvadoras) del Calvinismo. Así que, algunos detractores ambivalentes usan el término “hiper-Calvinista” de la misma manera en que los Pentecostales y otros Arminianos usan “Calvinista” para referirse a aquellos que son “un poco más Calvinistas” de lo que son ellos. Para los Bautistas, la ambivalencia a menudo es inducida por el reconocimiento de que realmente existe una rica herencia Calvinista Bautista – tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. Los Bautistas Particulares en Inglaterra, y los Bautistas Regulares en los Estados Unidos, han sido históricamente, y son al presente, firmemente Calvinistas en su soteriología. El problema es este. El moderno movimiento Bautista independiente es (y en un alto grado, la denominación Bautista del Sur antes de él), sobre todas las cosas, evangelístico. Y claro, al tener una mentalidad evangelística, tiende a percibir al Calvinismo como un enemigo del evangelismo. Muchos de sus discípulos nunca han considerado que puede ser posible ser tanto evangelístico como Calvinista, pero eso es otro asunto. Lo de ellos es una especie de síntesis entre el Arminianismo y el Calvinismo, pero mayormente Arminiana. Aunque hay variaciones de ella, y puede entenderse en un bosquejo más amplio. La cosa va más o menos así. 

El hombre es un pecador, pero no tan totalmente depravado que no pueda buscar a Cristo. Dios envió a Cristo su Hijo para morir en la cruz por todos con el objeto de hacer que la salvación estuviese disponible para todos los que quieran recibir el mensaje del evangelio. Antes de la fundación del mundo Dios eligió para salvación a aquellos que Él sabía de antemano que creerían si escuchaban el evangelio. Cuando un individuo escucha el evangelio y toma una decisión por Cristo, llega a ser justificado. Una vez que ha recibido la salvación no puede nunca perder esa salvación. Eso, en pocas palabras, es lo que muchos modernos Bautistas independientes creen respecto a la salvación. 

Aparentemente, lo que muchos de ellos dejan de notar en su ambivalencia respecto al Calvinismo, y en su declaración habitual de que no son Arminianos, es que el 80% de esa fórmula es acérrimamente Arminiana. Los Arminianos históricamente creen que el hombre es depravado pero no tan totalmente depravado que no pueda “escoger a Cristo” cuando se le dé la oportunidad; que Cristo murió por todos los hombres con el objeto de hacer que la salvación estuviese “al alcance de la mano”; que la elección se basa en el conocimiento anticipado que Dios tiene de quiénes creerían y quiénes no; y así sucesivamente. La única diferencia entre el moderno entendimiento Bautista independiente de la salvación y la del Arminianismo histórico  es que los Arminianos no creen – como creen los Bautistas independientes – que la salvación de uno es eternamente segura.

Alguna gente se refiere a esta moderna visión Bautista independiente como “Calvinismo mezclado” pero esa descripción es engañosa en tanto que implica que una cantidad significativa de la visión es, de hecho, Calvinista; y no lo es. Solo una porción pequeñísima de ella es verdaderamente Calvinista. No es nada más que un Arminianismo bautizado con una doctrina Calvinista a medias de la “seguridad eterna” añadida por si acaso.

La idea es que uno puede creer como un Calvinista, solo en tanto que no hable o actúe como uno. Sin embargo, este Arminianismo bautizado Bautista con su actitud ambivalente hacia el Calvinismo por parte de los modernos Bautistas independientes no se evidencia de manera más fuerte que en la declaración que a menudo se hace, “Fulano de tal sostiene la doctrina Calvinista pero, gracias al Señor, ¡él no permite que su doctrina afecte su práctica!” Dudo que alguien pueda hacer una declaración más insensata que esa. Imagine que yo dijera, “Fulano de tal cree en la deidad de Cristo (o en la expiación vicaria o en la resurrección corporal) pero, gracias al Señor, él no permite que su doctrine afecte su práctica!” 

Una complicación adicional en la moderna mentalidad Bautista independiente es su definición tanto de “Calvinistas” como de “hiper-Calvinistas.” Me refiero a su aparente malentendido de que aquellos que creen en la elección incondicional y en la redención particular son, de alguna manera, hiper-Calvinistas. Nada de eso. Si definimos el Calvinismo en este sentido, como afirmando lo que Juan Calvino enseñó respecto a la salvación, la elección incondicional, la redención particular y la depravación total, no es sino Calvinismo sencillo y antiguo. Uno puede tener alguna justificación para catalogar la doble predestinación de Beza como “hiper-Calvinista”; pero referirse a las simples doctrinas Calvinistas como “hiper-Calvinistas” es, en el mejor de los casos, un malentendido, y en el peor de ellos, un engaño deliberado. 

Algunos Bautistas independientes quieren tener su pastel y también quieren comérselo, y han acuñado el término “Calvinista moderado,” que no es nada más que Arminianismo bautizado. Bien, o son ignorantes o son hipócritas. Si quieren el nombre soteriológicamente Calvinista, debiesen afirmar la doctrina soteriológicamente Calvinista.

Tomado del website de la National Reform Association

http://www.contra-mundum.org/

Arrebatada la victoria de las garras del infierno (John Macarthur)

Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.  (Génesis 3:15 )

Desde principios de los tiempos Satanás y sus secuaces han estado en guerra con Dios. Vemos ese conflicto cósmico muchas veces en las Escrituras (p. ej., Job 1; Dn. 10:13). Después del aparente triunfo de Satanás en causar la caída de la humanidad, Dios predijo su final destrucción por el Mesías, que triunfaría finalmente a pesar de un aparente revés (Gn. 3:15).

Como resultado, Satanás trató de destruir el linaje mesiánico destruyendo al pueblo de Dios. Cuando eso fracasó, trató de matar al Mesías niño (Mt. 2:16-18). Cuando eso no dio resultado, trató de corromper al Mesías (Mt. 4:1-11). Al fracasar en ese intento, instigó a las multitudes para que lo mataran. Incluso trató de asegurarse de que el Mesías no pudiera salir del sepulcro.

Se ha dicho que el infierno debe de haber estado en medio de su carnaval cuando llegó Jesucristo. Es probable que estuvieran celebrando la victoria que con tanto esfuerzo habían tratado de alcanzar, pero quedaron abruptamente desilusionados.

http://www.gracia.org/

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